Nos fuimos en subte a 9 de Julio y después caminando a Puerto Madero, el más jóven de los 48 barrios que componen la ciudad, un conjunto de edificios de oficinas y restaurantes modernitos. En definitiva un agradable paseo, a la orilla del Río, que además disfrutamos el doble porque (por fín!!!) tuvimos solcito en esta ciudad.
En Puerto Madero se puede ver "el puente de la mujer" de Santiago Calatrava, puente giratorio donado a la ciudad por un empresario que trabajó en Buenos Aires toda su vida, a continuación os dejamos un par de fotos del puente de la mujer y del alamillo en Sevilla, encuentren (si pueden) las diferencias, a nosotros no nos deja de sorprender la inagotable creatividad de este gran ingeniero:
| Puente "De la Mujer". Buenos Aires |
| Puente "El Alamillo". Sevilla |
En puerto Madero, tuvimos otro encuentro "amigable" con un porteño, que cantaba tangos a los gritos, mientra patinaba, por lo visto se molestó porque alzamos la voz para hablar mientras el cantaba con los auriculares puestos...todo un caso!!!
Terminamos el paseo por Puerto Madero "renventándonos la boca" en una parrilla que se llama "Sigue la vaca", muy rico, sobre todo el bife de chorizo, (una especie de entrecotte) y la picaña, la única contra es que al ser una parrilla buffet la carne no siempre está al punto que a uno le gusta.
El siguiente punto a visitar fue San Telmo, el barrio donde habíamos estado la noche anterior, visitamos el mercado que no visitamos ayer, es viejo pero tiene un ambiente curioso; a Araceli le encantó el mercado aunque no quizo expresarlo abiertamente. También aprovechamos para ver el barrio a la luz del día...otra cosa, otro barrio, la misma magia...
Nos quedaba las fotos pendientes de la Casa Rosada (con sus luces rositas) y de Plaza de Mayo, así que allí fuimos.
Ya de noche, caminamos por Santa Fe, que es una calle tipo calle Goya en Madrid, tiendas de Marca, edificios lindos y mucho ambiente; en Santa Fe está una librería preciosa, en el antigüo teatro Ateneo; con buen criterio la empresa que compró el teatro para poner una librería, conservó la estructura del teatro, sin duda una mezcla interesante, el escenario es un café, los palcos tiene butacones para leer, en la platea están las estanterías con libros y por supuesto, las taquillas son las cajas.
Para dar por conluido el día, nos comimos un sandwich caliente de jamón y queso en el "Pingüino de Palermo", boliche que un año más no ha conseguido la estrella "Guerrerín", evaluada cada año por el crítico gastronómico Rafael J. Guerrero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario